HISTORIAS DE PAPAS QUE LLEVARON EL NOMBRE DE LEÓN

📅 29/06/2026

HISTORIAS DE PAPAS QUE LLEVARON EL NOMBRE DE LEÓN

Imagine por un instante que, tras el cónclave y el humo blanco, usted es el elegido para ceñirse la tiara y cargar con el peso de la pesada púrpura. Tras los vítores del Habemus Papam, se enfrenta a su primer ejercicio de soberanía: la elección de su nombre regio. No es un mero capricho onomástico; es mensaje cifrado al mundo y, a menudo, un desesperado intento de vinculación con glorias pretéritas para sepultar presentes turbulentos. Así que, llamarse "León" parece, por definición, una declaración de fuerza y magisterio, aunque tras la piel del felino se hayan agazapado desde diplomáticos providenciales hasta figuras que parecen extraídas de una tragedia de alcoba o un catálogo de excesos.

- León I.

El referente absoluto del nombre es León I, "El Grande". Su hagiografía se cimentó en el año 452, cuando Atila y sus hordas hunas, tras haber regado de sangre los Campos Cataláunicos, se presentaron ante las murallas de una Roma famélica. Mientras el emperador Valentiniano III huía cobardemente hacia Rávena, el anciano pontífice salió al encuentro del "Azote de Dios". La versión oficial, rodeada de cierto halo milagrero, nos narra cómo la imponente presencia del Papa y la amenaza de la ira divina amedrentaron al bárbaro supersticioso. Sin embargo, el rigor histórico nos inclina hacia una tesis mucho más crematística. Es probable que Atila, más que temer al cielo, se sintiera seducido por el brillo del oro vaticano y acuciado por la falta de suministros y las pestes que diezmaban a sus hombres. León compró la paz, ganándose el epíteto de salvador de Occidente, aunque la volubilidad de la suerte quiso que, tres años después, no lograra repetir la hazaña ante Genserico. El rey vándalo, menos impresionable que el huno, saqueó Roma durante dos semanas, desmontando incluso el techo de oro del templo de Júpiter ante la mirada impotente del "León" diplomático. Tras la muerte de Atila, sus hombres le rindieron un tributo brutal: "El más grande de todos los guerreros no había de ser llorado con lamentos de mujer ni con lágrimas, sino con sangre de hombres."

- Los "Leones" de la Pornocracia.

Hubo una centuria, entre los siglos IX y X, en la que el Vaticano se hundió en el fango de la denominada "Edad Oscura" o Pornocracia. Durante este tiempo, la tiara era un juguete en manos de las influyentes Teodora y su hija Marozia, quienes dictaban la política desde sábanas de seda. En este ecosistema de nepotismo y lujuria hallamos a León VII. Su pontificado es recordado no por sus decretos, sino por su óbito: se dice que el Papa entregó su alma en pleno éxtasis letal, víctima de un ataque al corazón mientras atendía sus deberes menos espirituales con una amante.

Pero la fiereza del nombre también se manifestó de formas truculentas. León VIII, impuesto por el emperador Otón I para sustituir al depravado Juan XII (apodado "El Papa Fornicario"), fue partícipe de una espiral de venganzas sangrientas. Cuando Juan XII regresó brevemente al poder antes de morir a golpes a manos de un marido engañado que lo sorprendió in fraganti, la facción de los "Leones" y sus rivales convirtieron el Vaticano en un cadalso. El propio León VIII fue testigo de una era donde a los oponentes se les cortaban manos, narices y orejas, demostrando que el "León" de San Pedro podía ser más carnicero que pastor.

- León X.

Con Giovanni de Medici, coronado como León X en 1513, el papado se transformó en una corte renacentista de esplendor. Su divisa personal no dejaba lugar a dudas: "Como Dios nos ha dado el papado, disfrutémoslo". León X fue el gran mecenas de Rafael, pero su extravagancia se pasó siete pueblos con Hanno, un elefante albino regalo del rey de Portugal. El paquidermo se convirtió en la mascota de la Urbe hasta que un estreñimiento crónico selló su destino; un laxante de oro mal administrado por los médicos pontificios provocó su muerte, dejando al Papa tan desolado que encargó un mural conmemorativo al mismísimo Rafael. Mientras el Papa lloraba a su elefante y planeaba regalarle un rinoceronte a su corte (que terminó naufragando durante el viaje), la caja de la Iglesia se vaciaba. Para financiar su tren de vida y la basílica de San Pedro, León X impulsó la venta masiva de indulgencias: auténticos "pasaportes al Paraíso" que se vendían como churros. Esta mercadotecnia de la salvación fue la que agotó la paciencia de Martín Lutero, prendiendo la mecha de la Reforma y provocando el mayor cisma de la cristiandad mientras el Papa, distraído por el arte y la buena mesa, subestimaba al "loco alemán".

- León XIII.

Damos un salto hacia la modernidad con Vincenzo Gioacchino Pecci, León XIII. Autor de la célebre encíclica Rerum Novarum, Pecci fue el primer pontífice en afrontar las miserias de la Revolución Industrial. Sin embargo, tras su faceta de reformador social se escondía un hombre de ingenio afilado y gustos singulares. Es famosa la anécdota del aristócrata que, intentando humillarlo, le ofreció una pitillera con una Venus desnuda. Pecci, sin pestañear, tomó un cigarrillo y preguntó: "Hermoso retrato, supongo que es el de su esposa, ¿verdad?". No obstante, su conexión más sorprendente con la cultura de masas fue su devoción por el Vin Mariani, un brebaje de vino de Burdeos macerado con hojas de coca. El Papa no solo portaba una petaca de este "estimulante" en sus retiros, sino que el Vaticano otorgó una medalla de oro a su creador, Angelo Mariani.

Con el nombramiento de Robert Francis Prevost como León XIV vamos a pensar que se buscaba la fuerza necesaria para navegar tiempos inciertos. ¿Qué opináis?

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