Brasil llegó a Haití con soldados
Brasil llegó a Haití con soldados. Años después, Haití llegó a Brasil con miles de familias que buscaban comenzar de nuevo.
La conexión se fortaleció en 2004, cuando Brasil asumió el mando del componente militar de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití, conocida como MINUSTAH.
Durante los años siguientes, militares, diplomáticos y trabajadores humanitarios brasileños mantuvieron una presencia constante en el país caribeño. Brasil dejó de ser un lugar lejano y desconocido para muchos haitianos.
Todo cambió el 12 de enero de 2010.
Un terremoto devastó Puerto Príncipe y otras poblaciones cercanas. Viviendas, hospitales, escuelas y edificios públicos quedaron destruidos. Cientos de miles de personas murieron y más de un millón quedaron sin hogar.
El desastre agravó problemas que Haití ya arrastraba: pobreza, desempleo, fragilidad institucional y escasez de oportunidades.
Brasil comenzó entonces a aparecer como un posible destino. Su economía estaba creciendo, se preparaba para organizar el Mundial de 2014 y necesitaba trabajadores en sectores como la construcción, los servicios y la industria.
Llegar, sin embargo, no era sencillo.
Muchos haitianos volaban primero hacia Ecuador, uno de los países que les permitía ingresar sin visa. Desde allí atravesaban Perú y avanzaban hasta la frontera amazónica de Brasil.
El recorrido podía durar semanas.
Los viajeros pagaban grandes sumas a intermediarios, conocidos como coyotes, que prometían transporte, empleo y documentos. Algunos eran abandonados durante el trayecto, sufrían robos o llegaban endeudados después de cruzar varios países.
Las ciudades fronterizas de Brasileia y Epitaciolândia, en el estado de Acre, se convirtieron en puntos de entrada. Los refugios improvisados comenzaron a llenarse de personas que esperaban regularizar su situación antes de viajar hacia otras regiones brasileñas.
El terremoto no les daba automáticamente la condición legal de refugiados. Por esa razón, Brasil creó una respuesta diferente.
En enero de 2012 aprobó una visa especial por razones humanitarias para ciudadanos haitianos. La medida les permitía residir y trabajar legalmente en el país sin tener que arriesgarse en las rutas terrestres clandestinas.
El programa comenzó con límites, pero fue ampliado ante el crecimiento de las solicitudes. Para julio de 2015, la Embajada de Brasil en Puerto Príncipe ya había concedido más de 16.000 visas permanentes.
Los documentos solucionaban solo una parte del problema.
Quienes llegaron tuvieron que aprender portugués, encontrar vivienda, soportar episodios de discriminación y aceptar, en muchos casos, trabajos duros y mal pagados. Al mismo tiempo, enviaban dinero a sus familiares y construían redes de apoyo mediante iglesias, asociaciones y pequeños negocios.
Con los años, la presencia haitiana se hizo visible en fábricas, universidades, barrios y ciudades de distintas regiones de Brasil.
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